El Estadio Chile, durante dos períodos, fue centro de detención política.
El Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura estima que durante la dictadura se usaron más de mil lugares de detención de personas. Recintos de las Fuerzas Armadas o de Carabineros, centros deportivos, escuelas , buques, dependencias en fundos, casas particulares, y muchos otros.

Dibujos y xilografías de Enrique Olivares Aguirre.

De la Universidad al Estadio de la muerte

Nos sacaron al amanecer 
con las manos arriba
y el alma a cuestas.

Alicia Salinas | 2025

Estadio Chile / Somos cinco mil

Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad
¿Cuántos somos en total?

Victor Jara | 1973

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Prisión política durante el primer período

12 al 16 de septiembre de 1973 

La violencia política desatada durante el primer periodo del de la dictadura militar fue de un alto nivel represivo. A eso se suma el factor sorpresa y la inexperiencia de la población chilena en torno a un golpe de Estado, lo que sitúa al Estadio Chile como un escenario aterrador, con poco control sobre los abusos, y por donde pasaron, se estima, de cinco mil a  seis mil personas. 

El lugar se habilitó como centro de detención desde la noche del martes 11 de septiembre, y comenzó a recibir detenidos a la mañana siguiente, según han revelado los testimonios de los sobrevivientes, que describen que los castigos físicos y psicológicos ocurrían desde que llegaban al lugar. Los detenidos y detenidas eran bajados de los vehículos, y sus nombres eran registrados para luego distribuirse en las dependencias del Estadio, especialmente en las graderías y la cancha.

El Estadio entonces era completamente techado, y las fuertes luces del Estadio fueron reforzadas con focos y permanecieron encendidas en forma permanente, lo que afectó la noción del tiempo de los internos.

En los dos primeros días, además, casi no hubo alimentos y según han descrito los sobrevivientes, había una muy baja temperatura, se taparon los alcantarillados y con frecuencia se escuchaban gritos, gemidos y balazos. 

Los militares dividieron a los prisioneros según criterios como la importancia política o su lugar de origen. Había un sector de profesores y dirigentes estudiantiles. Otro espacio se destinó a funcionarios del gobierno de la Unidad Popular, grupo aislado y catalogado como “terroristas”. Las mujeres fueron separadas y dispuestas juntas en una de las graderías. Los extranjeros, principalmente profesores y estudiantes universitarios,fueron llamados por los militares como la “cloaca latinoamericana”, y fueron tratados con especial dureza. Otro grupo situado en las graderías reunía  a los que supuestamente estaban “condenados a muerte”. 

Las amenazas de los militares fueron constantes . Una de ellas, que relevan los testimonios, fueron las macabras “sierras de Hitler”, término que el coronel Mario Manríquez usó ante algunos detenidos para describir dos ametralladoras instaladas en la parte superior del Estadio. Según él, las ráfagas de  esas armas podían cortar en dos (como una sierra) el cuerpo de un ser humano.

También fueron amenazados verbalmente por altoparlantes por el propio Manríquez y por otros oficiales. De los testimonios de los sobrevivientes surgió la figura de un militar apodado “El Príncipe”, descrito por su aspecto alto y rubio, su voz enérgica y su crueldad en el trato con los detenidos. Si bien la descripción coincide con Edward Dimter, un oficial del ejército que había participado en un intento de golpe anterior (“El tanquetazo”, del 29 de junio de 1973), el apodo también se ha usado para referirse a otros imputados (como Pedro Barrientos).  El propio Dimter, de hecho en el proceso judicial acusó a otros tres militares que podrían corresponder al personaje de “El príncipe”: Rodrigo Rodríguez Fushlocher, Luis Bethke Wul y Nelson Haase Mazze.

Los militares, y grupos de otras Fuerzas Armadas que visitaron el Estadio, practicaron  interrogatorios a hombres y mujeres en las distintas dependencias. Allí hubo golpes, torturas, simulacros de fusilamiento, y violencia político-sexual. Hay testimonios que relatan que hubo personas que se quitaron la vida saltando desde las graderías.

No se sabe con precisión cuantas personas murieron en el Estadio Chile. En 1987 la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) estableció en 14 la cifra de personas ejecutadas en el Estadio Chile en septiembre de 1973. Otros informes de la época estimaron en doce . El Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (1991) reconoció a cuatro: Víctor Jara, Littré Quiroga, Sócrates Ponce y Hernán Cea Figueroa.

El 15 de septiembre unos pocos detenidos fueron liberados, y la mayoría fue trasladada al Estadio Nacional. Se sabe que el Estadio siguió cion la ocupación militar hasta, al menos, el domingo 16.

Los ejecutados del Estadio Chile

Victor Jara Martínez (40 años)

El músico y  director de teatro fue detenido en la Universidad Técnica del Estado, donde trabajaba en el área de cultura. Junto a cientos de otras personas fue trasladado al ex Estadio Chile el 12 de septiembre. Allí fue de los demás prisioneros y torturado en varias ocasiones. Su cuerpo fue encontrado junto al de Littré Quiroga y otros dos hombres a un costado del Cementerio Metropolitano el día 16 de septiembre. 

LIttré Quiroga Carvajal (33 años)

Abogado y el Director del Servicio de Prisiones (actual Gendarmería) durante la Unidad Popular. Luego de ser solicitada su captura a través de un bando de la Junta Militar, se entregó voluntariamente y fue trasladado al Estadio Chile. En el recinto fue golpeado y asesinado. Su cuerpo sin vida se encontró junto al de Victor Jara. 

Sócrates Ponce Pacheco (30 años)

Abogado ecuatoriano, militante socialista e interventor del gobierno en la empresa INDUMET. Fue detenido el 11 de septiembre por Carabineros, y conducido al Estadio Chile tras pasar por el regimiento Tacna. El día 13 de septiembre su nombre fue llamado por los altoparlantes del Estadio y días después su cadáver fue encontrado en las inmediaciones del recinto con ocho 8 heridas de bala. 

Hernán Cea Figueroa (38 años)

MIlitante comunista, era obrero de la empresa Textil Progreso fue detenido en el Estadio Chile, y el 15 de septiembre, luego de un supuesto altercado con los guardias, fue ejecutado por Carabineros y su cuerpo apareció un mes después en el Cementerio General.

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Prisión política durante el segundo periodo

Noviembre de 1973 y julio de 1974  

En noviembre de 1973, al mismo tiempo que se desalojaba el Estadio Nacional, se habilitó el Estadio Chile nuevamente como centro de detención, pero esta vez con ciertas regulaciones. En diciembre de 1973 el ministerio de Defensa creó la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET), cuyo objetivo era “coordinar con los diversos Ministerios las materias que digan relación con las personas que hayan sido privadas de su libertad en virtud de las facultades que confiere el estado de sitio”. La creación de este organismo significó el reconocimiento oficial de distintos lugares de detención, como el caso del Estadio Chile. 

Durante este segundo periodo, el control del recinto pasó del Ejército a Carabineros y las condiciones de la prisión variaron progresivamente, con la organización interna de los presos jugando un rol muy muy importante. Como era  uno de los pocos campos de prisioneros reconocidos por el régimen, testimonios reconocen que el lugar fue considerado un “descanso” en comparación a otros centros como Tejas Verdes o Londres 38.  Los testimonios coinciden además, que si bien hay denuncias de tortura, los interrogatorios sistemáticos fueron menos frecuentes.

Además, la Cruz Roja pudo visitar el recinto, y observó el excesivo encierro y falta de condiciones mínimas para la existencia humana, y recomendó habilitar sistemas de salida al exterior, al menos dos horas al día, y permitir la distribución del correo y los paquetes enviados por los familiares. Asimismo, se permitió responder las cartas y se autorizó el uso de colchonetas y frazadas

Según testimonio de los mismos prisioneros, recabados durante el año 2017 por el estudio histórico realizado por la Consultora Arquitectónica MAZO (para la ampliación de la declaratoria de Monumento Nacional), hubo otras mejoras en las condiciones del encierro :

“También se creó una pequeña biblioteca, y muchos detenidos comenzaron a compartir sus conocimientos en alguna materia específica (inglés, teología, alfabetización) y daban clases a otros. Jugaban ajedrez o naipes. Algunos detenidos jugaban basquetbol, voleibol o hacían ejercicios; otros comenzaron a encargarse del mantenimiento eléctrico, otros construyeron un muro en el estacionamiento, instalaron una parrilla en el patio o jugaban a la rayuela. Algunos sábados o domingos se realizaban misas en el patio y también festivales artísticos en que los detenidos cantaban o realizaban obras de teatro.” (Mazo, pág. 41).

Una de las actividades realizadas durante el periodo por los prisioneros fue la construcción del muro que separa el estacionamiento del Estadio con la Calle Unión Latinoamericana, en el lado oriente del Estadio. El comandante de Carabineros a cargo del recinto le solicitó a uno de los detenidos, el arquitecto de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) Adam Policzer, que diseñara la obra. Decenas de prisioneros participaron de las faenas entre febrero y mayo de 1974, en un muro que aún está en pie. 

Los detenidos de este segundo periodo fueron trasladados, en una primera etapa, desde el Estadio Nacional y los calabozos del edificio de Investigaciones, apodados como La Patilla. Entre diciembre y abril llegaron detenidos de Tejas Verdes, y desde abril en adelante arribaron ex detenidos de Londres 38. Según testimonios de sobrevivientes, los recién llegados estaban en muy malas condiciones físicas, como resultado de interrogatorios y torturas. 

Entre diciembre de 1973 y enero de 1974 muchos detenidos fueron trasladados desde el Estadio Chile a la Oficina Salitrera Chacabuco en el norte del país. En junio, hubo traslados a Tres Álamos y nuevamente Chacabuco, y en julio un último grupo fue llevado a Ritoque, marcando el cierre del segundo periodo. 

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El perfil de los prisioneros y las prisioneras 

Tras el golpe de Estado que derrocó a la Unidad Popular, la persecución se extendió, principalmente, contra funcionarios y simpatizantes del gobierno de Salvador Allende, militantes de los partidos que conformaban la coalición, obreros y estudiantes. Aunque la política de detención masiva fue cada vez más selectiva, siempre se dirigió al mismo perfil político: militante o simpatizante de izquierda.  

La masividad inicial llevó a los militares a tomar grandes centros deportivos como lugares de detención, y por eso entre el 12 y el 15 de septiembre se habilitó el Estadio Chile , que entonces recibió a estudiantes y trabajadores de la Universidad Técnica del Estado, funcionarios de gobierno y obreros de cordones industriales de la zona poniente, de fábricas como Sumar, Tisol, Dylan, Ferrocet, Carrocerías Franklin, Imprenta Horizonte, Comandari, Manufacturas Yarur, Luchetti, Burguer, Textil Progreso, Fabrilana, Easton Chile, entre otras. 

El promedio de edad de los detenidos fue de 20 a 25 años. En menor medida también había menores de edad y adultos mayores.

El 15 de septiembre los detenidos del Estadio Chile fueron trasladados al Estadio Nacional, el mayor centro de detención en ese momento, y que funcionó hasta noviembre de este año, luego de recibir a 20 mil detenidos por casi tres meses.

Justamente ese mes de noviembre el Estadio de Chile, denominado por los militares como “Campo de Prisioneros de Guerra”, se habilitó de nuevo como centro de detención, y funcionó hasta julio de 1974. En ese segundo período, de más de ocho meses, pasaron por el recinto un número fluctuante de entre 150 y más de 350 detenidos y detenidas. De los cuales, un grupo importante permaneció detenido durante cinco a seis meses en el Estadio, mientras otros fueron trasladados a otros centros en Santiago o regiones.

El perfil de las personas se expandió a sindicalistas, militantes de izquierda, políticos e intelectuales, artistas, estudiantes, obreros. Pero además se usó para personas en camino a recintos penitenciarios, que no habían obedecido el toque de queda o por delitos menores, y los que estaban siendo trasladados desde otros centros con menor capacidad, como el antiguo calabozo del Cuartel Central de la Policía de Investigaciones, en pleno centro de Santiago, conocido como “La patilla”.

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El Estadio en un aparato represivo regional y nacional

El Estadio Chile fue uno de los centros de detención que se habilitaron en Santiago, entre los que se produjo un recurrente cambio de prisioneros. El informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura señala que “de manera constante y aparentemente arbitraria los efectivos a cargo del recinto sacaban personas con destino desconocido”, y donde la negación del hecho de su detención fue una práctica común. 

Es posible reconocer al menos dos circuitos de detenciones importantes: uno por los centros de detención, tortura y exterminio en la capital (Londres 38, Villa Grimaldi, 3 y 4 Álamos, José Domingo Cañas) y otro interregional (Campo de prisioneros de Chacabuco, Puchuncaví, Ritoque, Isla Dawson y Quiriquina). 

Además del Estadio Chile, los primeros días del régimen militar funcionaron también en la zona poniente de Santiago otros recintos de detención, como la Casa de la Cultura de Barrancas (actual Pudahuel), y el Instituto Nacional Barros Arana en la actual comuna de Quinta Normal, donde se encontraba un contingente del Regimiento Yungay de San Felipe, acantonado en la Quinta Normal. 

Los que actuaron preferentemente en las detenciones en 1974 fueron Carabineros, Policía de Investigaciones y la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). En algunos casos también actuó el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), el Comando Conjunto, el Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICAR), denominado por un período como Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR). 

A partir de agosto de 1977, tras la disolución de la DINA, el organismo más relevante en materia de detenciones y secuestros fue la Central Nacional de Informaciones (CNI), según también establece el  la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Para entonces el Estadio Chile no funcionaba como centro de detención.

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De la Universidad al estadio de la muerte

Poema Alicia Salinas*

Nos sacaron al amanecer  con las manos arriba y el alma a cuestas.
Éramos solo cuerpos con las manos en alto.
Frágiles.
Luego fueron las micros.
Las amarillas
¿Las recuerdas?
Donde cabían cuarenta, entramos  setenta.
Por las ventanas iba también  la Alameda sin álamos.
En los asientos los cuerpos de nosotras, una con otra, y el miedo asomando de a poco.
Y nos detuvieron.
A las mujeres que éramos, nos detuvieron, nos manosearon, torturaron  y maltrataron.
Y a los hombres que eran,  los detuvieron, torturaron, manosearon y maltrataron.
Y a Víctor le pegaron culatazos en la cara.
En los brazos
En las manos
Todas lo vimos, todos lo vimos.
Escuchamos su voz muda cuando  decía su nombre despacio. 
Escuchamos su voz muda de espanto y decía su nombre con esa voz que era suya.
Y después todo  fue  lamento.
Y estuvimos ahí y éramos un centenar
O más…
Luego estaban los asientos del estadio.
Nosotras sentadas  quietas sin hablar ni respirar.
Al frente, hombres de pie y sentados, sentados y de pie y de pie y sentados…una y otra vez…

* Alicia Salinas Álvarez, nació en Lautaro, región de la Araucanía. Es poeta, narradora, traductora, profesora de Literatura, Magister en Ciencias Filológicas y madre de cuatro hijos. El 12 de septiembre de 1973 fue detenida y trasladada al Estadio Chile, luego de recuperar su libertad salió del país. Se exilió en París, Francia, donde cursó estudios en la Université de Vincennes à Saint-Denis. Posteriormente, viajó a Moscú, donde se graduó de Profesora y Traductora de Literatura y Lengua Rusa. Desde su retorno al país (1985), ha desarrollado una carrera como académica en diversas universidades del país (Fuente: Letras de Chile)

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Estadio Chile / Somos cinco mil

Poema de Víctor Jara

Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.

¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?

Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.

Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.

¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.

Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.

¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!

Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?

La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.

Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.

De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento…

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Enrique Olivares Aguirre

Enrique Olivares era un estudiante de Pedagogía en Artes Plásticas y Dibujo Industrial en la Universidad Técnica del Estado (UTE), actual Usach, cuando se produjo el golpe militar . Junto a otros estudiantes y trabajadores (entre ellos, Víctor Jara) el 12 de septiembre fue trasladado al Estadio Chile. Luego fue traslado al Estadio Nacional y al campo de prisioneros Chacabuco, cerca de Antofagasta.

El año 2017 mostró en una exposición en la USACH parte de su trabajo de más de 60 dibujos realizados en su período de detención, que comenzó cuando tenía 23 años.

Algunas de imágenes son las que ilustran esta sección.

Foto: Extensión Usach | 2017
Bordado de Fanny Huerta | Taller textil Estadio Victor Jara | 2025

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